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GRUPO ESPECIAL LOS LOBOS

La irrupción de la figura del arrepentido y la posterior transformación -según el caso- en testigo protegido, ha tomado una inusual popularidad en los últimos tiempos. Si bien la mayoría de nosotros teníamos una idea a través del cine de qué se trataba, la verdadera catarata de casos surgidos a la luz de los casos de corrupción del que se están ocupando los medios de comunicación y los famosos cuadernos del chofer Centeno, nos ha transformado casi en expertos. Los casos más resonantes fueron y son el de José López, Leonardo fariña, Ibar Pérez Corradi, Alejandro Vandenbroele y Mariano Martínez Rojas. Para todos estos casos y los que puedan venir, se creo un grupo especial para protegerlos y se los denominó con el poco creativo nombre de Los Lobos. Recordemos que equipos deportivos y también policiales fueron denominados con nombres de animales: Los Pumas, Las Leonas, Los Murciélagos, Halcón, etc. Este grupo -Los Lobos- fue creado en 2016, un grupo de elite compuesto por alrededor de 40 efectivos -entre hombres y mujeres- que fueron seleccionados por el Ministerio de Justicia en el ámbito del Grupo especial de Intervención (GEI) del Servicio Penintenciario Federal y actúa bajo la órbita del Subsecretario de Política Criminal Juan José Benítez. La denominación de Lobos se tomó de la actitud de estos animales que actuan en manada. Los que van al frente son los más experimentados. La vanguardia y la reyaguardia son ocupados por los más fuertes. El que cierra la marcha es el macho Alfa, en el medio de todos caminan los más débiles. Hoy en el programa de portección de testigos se encuentran alrededor de 500 personas, incluyendo a los familiares directod, distribuidos en 19 provincias y en el extranjero. Benítez señaló: “es una herramienta muy potente para auxiliar al sistema de Justicia”. En un 33% de los casos, quienes se acogieron al Programa declararon en crímenes de lesa humanidad, un 29 en causas de narcotráfico, un 25% en temas de corrupción y crimen organizado y un 13 en delito de trata de personas. El impulso al Programa se lo dio la formación que sus integrantes recibieron del modelo canadiense. Al respecto Benítez señala: “conseguimos el apoyo del gobierno de Canadá, de quien depende la famosa Policía Montada, su institución de mayor credibilidad. Por primera vez abrieron sus puertas para capacitar a efectivos de un Estado extranjero. Enviamos a dos personas durante 15 días y a su regreso fueron los formadores del grupo. Aquí organizamos un equipo interdisciplinario. Hay evaluadores de riesgo, encargados de seguridad, personal administrativo, informático, jurídico, una base telefónica las 24 horas para emergencias con personal capacitado en contención psicológica y desarrollamos un software para que la información no sea vulnerable. La tarea de Los Lobos está lejos de ser sedentaria. Su mayor aliado es la confidencialidad. Por eso, señala Benítez, “es muy poco lo que se puede contar. Yo mismo no tengo idea dónde está ningún testigo. De hecho, en el Programa no hay nadie que sepa la localización de todos. Se trabaja por células y se rota. Hemos tenido ingresos hospitalarios insólitos, asistencias médicas increíbles, rescatamos testigos con lanchas y helicópteros en lugares como el Delta del Paraná… Había que sacar a alguien porque lo iban a matar. Se hizo el operativo con equipos tácticos, de noche, y se llevó a la persona a un lugar seguro”. Para el funcionario, los delitos más riesgosos son “el narcotráfico y la corrupción. En el caso puntual de los cuadernos, el poder de las personas involucradas es alto. Nosotros evaluamos, para el análisis de riesgo, qué poder de acción tienen los acusados sobre el testigo protegido, sus conexiones a lo largo del país, y cuál es el potencial de agresión. Además, el riesgo puede cambiar a lo largo de la investigación penal.

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