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EL DESARROLLO DE LOS CARTUCHOS DE POTENCIA INTERMEDIA

El surgimiento de los cartuchos de calibres intermedios fue consecuencia de los análisis que se realizaron en el campo de batalla, principalmente en el primer tercio del siglo XX, lo que demostraría que los enfrentamientos se realizaron en un rango de distancias de hasta 300 metros. Los fusiles militares más utilizados en el primer tercio del siglo pasado fueron los que estaban recamarados para cartuchos potentes como el .30-06 Sprg., el .303 Británico, el 9,62x57 Mauser y el 7,62x54R que tenían un alcance efectivo de hasta 1.000 m (los que tenían alza regulable podían alcanzar mayores distancias con cierta precisión, al menos en la teoría, porque había que ver el blanco a esa distancia). Largas y pesadas, eran armas difíciles de manejar, y la velocidad de disparo -en manos de un tirador experto- estaba en el rango de 20 por minuto. Incluso el Lee Enfield, famoso por su cadencia de fuego gracias a su acción rápida y sencilla y el cargador de 10 cartuchos (el doble de la capacidad de la mayoría de los fusiles militares contremporáneos) difícilmente podía superar los 30 disparos promedio por minuto, aunque se registran, excepcionalmente, velocidades mayores. Aunque el fusil era el arma de dotación estándar del soldado de infantería de fin de siglo, en los campos de batalla emepzó a aprecer un arma que causó estragos en las filas enemigas: la ametralladora. Una maravilla de la tecnología moderna de entonces, que era capaz de disparar de manera automática entre 500 a 800 disparos por minutos que podía diezmar a una compañia completa a campo abierto en cuestión de segundos. Resultaba, no obstante, más compleja que el tradicional fusil a cerrojo, solo podía operar desde posiciones semi fijas y fijas. También tuvo un protagonismo destacado la pistola ametralladora Thompson en calibre .45 ACP, el calibre que más tiempo fue utilizado por el ejército de los EE.UU.; gran favorita no solo de las tropas legales, los gansters hiceron uso y abuso de esta maravilla armera. Un arma diseñada para disparo automático con un calibre de arma corta, en cambio de un calibre de arma larga, lo que permite una cadencia de fuego alta, alrededor de 1.000 dpm. Un diseño portátil incluso mucho más compacto que un fusil a cerrojo, de modo que este tipo de arma en la segunda mitad mitad del siglo XX, se volvieron muy populares, entre los ejércitos y policías de todo el mundo, entre las que se encuentra la MP40 en calibre 9x19 mm. El principal inconveniente, fue el mismo factor que lo hizo posible: el calibre que disparaba. Por su parte los calibres de pistola tenían poco alcance, incluso cuando se disparaban desde cañones largos y un poder de detención bajo en relación a los que usaban los fusiles. El uso de las pistolas ametralladoras, con una gran cadencia de fuego, resolvió el problema dentro de la corta y media distancia, pero a medida que ésta aumentaba, la dispersión de los disparos le quitó efectividad. Los análisis realizados después de la Primera y Segunda Guerra Mundial determinaron que la mayoría de los combates se realizaban a distancias de hasta 300 metros, muy por debajo de los 1.000 que la munición de los fusiles eran capaces de alcanzar con cierta precisión, de cualquier manera las estadísticas mostraron que los soldados de infantería no daban en el blanco más allá de los 500 metros. Esto dio como resultado que la mayoría de los ejércitos dejaran de lado el fusil en favor de armas con diseños más compactos, como la carabina. Estas armas, por su parte, tenían un mayor retroceso y los cartuchos tenían mucha más potencia que lo que realmente se necesitaba. La conclusión fue que existía un vacío operativo entre la pistola ametralladora, con calibres de pistola y el poderodo fusil a cerrojo con su lenta cadencia de fuego. LA SOLUCION Las pistolas ametralladoras (SMG) constituyeron un punto fuerte para demostrar la utilidad del fuego automático durante el combate, una “lluvia” de fuego que prácticamente inmovilizaba al enemigo, impidiendo que se movilice. Debido a esto, la posibilidad del fuego automático en un rango medio fue considerado muy útil por los ejércitos de vanguardia del período (mientras que otros se basaban en el concepto de la economía de municiones), obsoleto por cierto pero defendido por los que contaban las municiones utilizadas. La solución fue buscar un calibre que estuviera a medio camino entre el de los fusiles y los de arma corta, tratando de obtener lo mejor de ambos: capacidad de fuego automático en un arma portátil y compacta a la vez, capaz de disparar como una ametralladora, pero también con alcance de un fusil en un límite en el campo de batalla de 300 m. Los primeros en reconocer la utilidad de este tipo de cartucho fueron los alemanes, que desarrollaron el 7,92x33 Kurtz (corto, en alemán) al reducir el 7.92 Mauser utilizando al legendario StG 44. De esta manera nacía el primer fusil de asalto exitoso. Por su parte, los rusos, con su enfoque pragmático de la guerra, hicieron lo mismo con el 7,62x39, incluso recién en 1947 desarrollaron su propio fusil de asalto: el AK-47, que sigue siendo la quinta esencia del fusil de asalto aun hasta nuestros días. Otros ejércitos occidentales inicialmente eludieron este concepto o adhirieron solo parcialmente. Fue el caso del 7,62x51 NATO, concebido como un calibre “intermedio”, que se obtuvo acortando al .30-06 Spring., pero a los efectos prácticos seguía siendo un cartucho de fusil. No será hasta finales de los años 60 que los EE.UU. no solo adoptarán por completo el concepto de cartucho de potencia intermedia, sino que lo llevarán un paso adelante, reduciendo aun más el calibre y la potencia con el 5,56 NATO. Este calibre, aparentemente chico y el arma para dispararlo, el M-16, fue una manera de redefinir el concepto de fusil de asalto e hizo que, finalmente, se adoptara en casi todo el mundo, causando que incluso los rusos desarrollaran su propia versión, el 5,45x39. En realidad el 5,56 no fue adoptado oficialmente por la NATO hasta 1977, por lo que el calibre ruso adoptado por el Pacto de Varsovia en 1974, se puede considerar surgido prácticamente al mismo tiempo. El surgimiento del 5,56 le permitió al soldado de infantería que llevara más munición con el mismo peso, era más barato de producir que el 7,62 NATO y que el 7,62x39, tenía una trayectoria más plana y un muy suave retroceso lo que posibilitaba el disparo en fuego automático a cortas distancias.

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