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CACERÍA DE LEOPARDO CON PERROS

Es una de las modalidades de caza más emocionantes y la que mayor porcentaje de éxito proporciona al cazador, pero creo que no debe realizarse desde vehículos a motor, solo permitiría mountain bikes como cazan chanchos mi hijo o Santiago Nuñez en Arboledas. Otra forma es corriendo con los trackers una vez localizado el rastro. Si no puede hacerlo, cace al acecho pero no se engañe persiguiendo cobardemente a este guerrero desde un Toyota Landcruiser. Es un sistema de caza que precisa un equipo de perros entrenados con la mayor disciplina, evitando el contacto directo con el leopardo y arrinconando la presa hasta bloquear cualquier posibilidad de huida, lo que supone que el cazador debe mostrar su habilidad antes de que el gran felino manifieste su bronca. He enviando y recomendado muchos dogos a PHs sudafricanos entre ellos a mi amigo recientemente atacado por una elefanta Theunis Botha. LOS PERROS  El equipo de perros se compone por lo general de seis a doce blue hounds o el gran sabueso azul de Gascuña, un perro que goza de instinto cazador desde antes que se inventaran las armas de fuego. Ha sido entrenado para adquirir una gran capacidad olfativa desde el siglo XIV en Europa para la caza del lobo, oso y jabalí, y que con el paso del tiempo ha ido desarrollando otras virtudes en el resto de modalidades venatorias, ya sea en caza mayor o menor.  Utilizan distintos ladridos en función del olfato percibido. Una de las noches en las que rastreábamos la zona, el grupo comenzó a ladrar indiscriminadamente y vi cómo sus dueños no se alteraron en absoluto al reconocer que ese ladrido concreto había detectado una hiena. Lo mismo ocurrió con las civetas y los gatos salvajes: eran largos y profundos, todo lo contrario que con el leopardo, que son cortos e intermitentes. Esto, sin duda, lo podemos extrapolar a los distintos ladridos que podemos detectar en nuestras cacerias cuando se trata de un jabalí o un zorro, pero añadiendo la diferencia que los ladridos, en el caso del leopardo, son desde el Toyota muy lejos, ya que descarto en absoluto acercarse con el vehiculo, sin carreras ni agrupaciones eventuales propias de los perros. Siempre recomiendo llevar al menos un dogo entrenado en el grupo, desde que varios amigos realizan esto no han perdido nunca más un sabueso . LA HUELLA O SPUR La huella será siempre nuestro localizador y sobre este rastro veremos la antigüedad de su paso, el tamaño, el sexo y su dirección. Después de comprobar estos registros, podremos hacer una toma de decisiones. La antigüedad es determinada por la limpieza del dibujo.  Si el perímetro de la huella está perfectamente delimitado, podremos saber si es de horas o días, aunque hay factores externos que perjudican esta lectura, tales como el viento o la humedad del suelo. El tamaño y la profundidad de la pisada nos indican el peso y la edad del gato, aunque muy pocas personas pueden saber lo grande o pequeño que es en realidad gracias a esta medición. Para saber si nos enfrentamos a un macho o una hembra, debemos valorar la longitud de la huella, al menos debe tener 10 cm desde el talón al dedo más largo. Si tiene 9,5 ó 9 cm es un ejemplar tirable, no grande, pero tirable; en este caso es una decisión que debe tomar el cliente antes de soltar los perros, pero en ningún caso aprobaremos una huella de menos de 8 cm, ya que puede ser un macho joven o bien una hembra.  Si el dibujo completo de la huella no está bien delimitado y el macho es grande, al menos el dedo debe mostrar bien su dibujo y es necesario, por lo tanto, obtener una medición siempre de más de 3 cm; si el cálculo es menor, será un macho de unos 45 kg; es decir, relativamente pequeño.  El leopardo prefiere los caminos del hombre para desplazarse con más rapidez y silencio cuando está cazando; en este caso podremos estudiar las distancias entre paso y paso, lo que nos aportará todo lo que necesitamos saber para tomar una decisión con más solvencia.  Bien, ahora vamos a tratar de obtener el peso de cada ejemplar según la distancia entre la mano y la pierna: si la medición desde el centro de la huella de uno de los dos lados con la trasera del mismo lado da 43 pulgadas (109 cm), estaremos hablando de un gran macho entre 83 y 86 kg. Un paso grande de 40 pulgadas (101 cm) dará un macho grande entre 70 y 80 kg, y un paso de 38 pulgadas (96,5 cm) dará un peso entre 55 y 65 kg. Este último a mi juicio, es el mínimo al que deberíamos soltar a los perros.  A través de la zancada podemos analizar casi todo lo necesario, incluso cuando hemos descubierto que es un ejemplar pequeño, podemos indagar en el sexo valorando el ancho del cuerpo. El macho, al ser más fuerte y corpulento, tiene los pectorales más grandes y una mayor separación entre los omóplatos, de esta forma ofrecerá una mayor distancia entre la pisada de las manos, lo que se traduce en un espacio entre 18 y 20 cm para el macho y menos de 17 cm para la hembra.  En cualquier caso, independientemente de todas las mediciones que hagamos hay factores externos intangibles e incontrolables, no somos dueños de los caprichos de estos felinos. Un leopardo pierde o gana peso con rapidez y mucha facilidad, al menos en un 15% a la alza o a la baja. En los días de luna llena, cuando sus presas adquieren más visibilidad, pierde bastante peso ya que encuentran más dificultades en su estrategia de caza y si hay escasez de comida y está entrando en los cebos de manera estable en tres días ha recuperado su consistencia; es decir, estos datos nos aproximan bastante al tipo de ejemplar, pero, como en cualquier trofeo, lo que nos podemos encontrar es otra cosa, decepción o sorpresa.  Como en todas las modalidades venatorias, la estrategia varía en función del terreno. En sí, el concepto es el mismo: localizar un rastro fresco, soltar a los perros, acorralar a la presa y abatirla con la mayor rapidez posible que, por lo general, suele ser apuntándole entre los árboles más tupidos donde se cobija el astuto felino. Pero, según la superficie en la que estamos, tanto los gatos como los perros o, si me lo preguntan, hasta el cazador, tienen un comportamiento distinto.  Vamos a detallar cuáles son los factores a los que hay que atender para adaptar la metodología al terreno.  Lo primero que hay que valorar son las necesidades del felino: si tiene mucha comida difícilmente acudirá al cebo, lo que significa que habrá que colocar más cebos. Si en condiciones normales basta con 4 a 6 cebaderos, cuando el terreno ofrece una gran densidad de animales pequeños y medianos, como babuinos, su carne favorita, duikers, facos, reedbucks o bushbucks y el gato no tiene ninguna necesidad de “robar” es necesario poner incluso 14 puntos de carne. A veces se ha llegado hasta 45.  La caza se complica y el esfuerzo es mayor, ya que revisar los 14 cebos marcados con GPS en un perímetro de 40-46 km, reciclar y cambiar de posición dichos puntos día tras día, noche tras noche, se convierte en un trabajo agotador. 

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