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LOS COSACOS Y SUS ARMAS

Los cosacos pertenecen a uno de los pueblos más llamativos de la historia rusa. Eran hombres de las fronteras, bravos como jinetes y titánicos en los combates. Pueblo guerrero y pastorial, a cuya cabeza se encontraba un atamán (jefe elegido por la comunidad y generalísimo en las épocas turbulentas, le llaman también “hetman”). Desde los tiempos más antiguos, las stanitzas (colonias militares) cosacas ocuparon vastas regiones de los valles y estepas del río Don y el Kuzán, en la Rusia meridional y se asentaron en Ucranaia. Luego se apoderaron de otros territorios en el Turquestán y Siberia. A fines del siglo XVI emprendieron la conquista de Siberia y llegaron al litoral del Pacífico, donde fundaron la ciudad de Okhtsk. Corliss Lamont, en su libro Los pueblos de la Unión Soviética, los sitúa geográficamente, en su mayoría, al oeste y al sur de la república Socialista Soviética Autónoma Kalmuca. Pero los cosacos distan mucho de tener algún parentesco étnico con los kalmucos. De origen eslavo, son, en su mayor parte “grandes rusos o ucranianos” y, en consecuencia, no constituyen por sí mismos un grupo étnico separado. Líder de una de las más importantes rebeliones campesinas fue el cosaco Stepan Razin (1667-1671). A fines del siglo XVIII, la rebelión de los pueblos de la cuenca del Volga contra la emperatriz Catalina La Grande, la dirigía el capitán cosaco Emelian Pugachev. La participación cosaca generalmente dejó huellas en los grandes acontecimientos político-militares de Rusia. Se hizo natural decirle cosaco al soldado ruso de tropa ligera, pues se sabía que la sotnia (escuadrón de caballería cosaca) aventajaba a las más recias caballerías de toda Rusia. Los guerreros cosacos (cosaco significa libertad) se distinguían, además, por la prodigiosa esgrima de que hacían gala con su típica arma: el shaschka, uno de los sables de mayor importancia en la historia de la caballería rusa. Arma gallarda y legendaria, famosa por los maravillosos dones de su acero, cuya eficacia se comparar con los tajos de las mejores espadas del mundo. Aunque el shashka puede vincularse a la antigua armería tradicional de los cosacos rusos, éstos lo utilizaron de manera generalizada, desde el siglo XVIII hasta principios del XX, pero su uso se extendió a fechas ulteriores y a lugares fuera de Rusia. Fue empleado en la guerra ruso-turca, la guerra ruso-japonesa, las luchas de liberación de los pueblos balcánicos eslavos, la guerra del poder soviético contra la intervención extranjera y los guardias blancos, y en las dos guerras mundiales. Durante la Gran Guerra Patria, se destacaron los regimientos de caballería cosaca, armados con sables y carabinas. El shashka es reconocido por la singularidad de su forma. Consta de una empuñadura comúnmente confeccionada de plata o metal sobre dorado, con un característico pomo corvo y está desprovista de guarnición o gavilanes. Su delicada decoración es repujada y nielada. El nielado es la ornamentación más frecuente. Se caracteriza por una hoja acerada de un filo con ligera curva y aguda punta, vaceos próximos al lomo o reborde, aveces la hoja presenta iniciales, marcas de fábrica y dibujos incisos. La hoja varía entre los 80 y los 96 cm. de largo, aproximadamente. La vaina es de una funda de madera, forrada de cuero negro y reforzada con brocal, regatón y abrazaderas de plata con adornos nielados. Los shaschka de gala, pertenecientes a los zares, duques y atamanes, pueden ser apreciados como legítimas joyas de arte. Eñ shaschka no solo constituye un representante curioso de las tradiciones combativas del pueblo cosaco, sino que también es uno de esos armamentos descollantes de algunos momentos inolvidables de la historia militar de aquel país. Resulta, asimismo, uno de los más finos trofeos de cualquier museo.

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