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LOS REVÓLVERES DE CAÑÓN CORTO

A diferencia de lo que sucede hoy, donde dominan el mercado de las armas cortas las pistolas semiautomáticas compactas y subcompactas, hace muchos años atrás el rey indiscutido era el revólver. Arma reglamentaria de los principales ejércitos y fuerzas de seguridad del mundo. Los EE.UU. e Inglaterra, por citar dos de las potencias más importantes, lo utilizaron en sus guerras imperialistas. De hecho los soldados y oficiales del Reino Unido lo empuñaron en sus expansiones territoriales. Por su parte los norteamericanos lo usaron hasta la dramática experiencia de las Filipinas, donde el calibre .38 Long Colt disparado desde el Colt 1889 se mostró insuficiente para detener a los guerreros filipinos. Lo importante es señalar que fue el calibre y no el tipo de arma lo que desató la hecatombe. Esta experiencia dio paso al nacimiento del .45 ACP y a la pistola Colt 1911. Pero esa es otra historia. La aparición de este calibre y de la 1911 A1 junto con la Browning HP-35 años posteriores, parecieron marcar la cúspide en lo que armas de puño se refiere. También parecía que había llegado el fin de las armas con tambor (conocidas en el barrio como revólveres). Nada más alejado de la realidad. Durante las décadas del 60 y fines de los 70, la mayoría de los policías que actuaban de civil portaban un revólver calibre .38 Spl. con cañón de 2”. El cine y la televisión mostraban a sus protagonistas llevando este tipo de armas. Personajes como Mike Hammer, Philipe Marlow y otros las usaban. Incluso el actor Mike Connors, en la serie En la cuerda floja, (más tarde interpretó a Manix) desarrollaba toda la historia hasta el momento crucial en que sacaba su revólver que portaba en la cintura (espalda) y que no se lo detectaban. Los agentes del FBI tenían como arma reglamentaria este tipo de revólver utilizando la munición de Federal Hydra Shok de 147 GN. Esto llegó a su fin después de la famosa Masacre de Miami, en 1986, que dio paso al desarrollo del calibre 10 mm terminando en el exitoso .40 S&W. Con el advenimiento de las pistolas semiautomáticas, que por entonces, todavía seguían siendo voluminosas y pesadas para una portación oculta, el revólver de cañón corto, que los americanos bautizaron como “snubbies” (algo así como ñatos) continuó siendo el preferido para la portación oculta. Cuando la moda eran las pistolas .45 ACP, fue común que se despreciara el revólver calibre .38 Spl. de 2”. ya que lo consideraban totalmente inadecuado para una defensa efectiva, pero hay situaciones en que los méritos de los dos pulgadas son irremplazables. ¿Entonces, que es lo que hace que estos “revolvitos” todavía sigan siendo tan populares? Constituyen un arma fácilmente portable y ocultable y, de alguna manera, eficaces para la defensa personal. Es necesario conocer sus ventajas y desventajas, pero una vez que el dueño es conciente de sus limitaciones, el arma cumple bien sus funciones. Algunos podrían decir que en una época en que las semiautomáticas han alcanzado tamaños compactos, incluso más pequeñas que un revólver de 2”, para qué recurrir a las armas de tambor. Ante esta opinión, otros podrían señalar que las pistolas compactas y subcompactas en el afán de reducir el tamaño han sacrificado la facilidad de empuñe. En casi ninguna de las que se ofrecen hoy en el mercado se pueden empuñar con los cuatro dedos de la mano, dificultando la precisión de los disparos, si consideramos que están recamaradas para calibres “pateadores” como lo son el 9x19, el .40 S&W y hasta el .45 ACP. ¿Alguno de los lectores ha intentado realizar el segundo disparo con este tipo de arma y dar en el blanco elegido? La pistola todavía sigue siendo un arma que requiere cierto entrenamiento por parte del usuario, especialmente por parte de civiles. En cambio el revólver, como arma de defensa, es imbatible en cuanto a seguridad y confiabilidad. Tanto es así que en la década de los 90, varias fábricas lanzaron modelos con tambores con capacidad de 7 y hasta 8 cartuchos, en un afán de disputarle a las semiautomáticas el volumen de fuego. Las principales fábricas de revólveres, como la S&W, Ruger y Taurus, continúan, hoy en día, fabricándolos teniéndolos en sus catálogos. No haremos la trillada comparación de pistola versus revólver, pero si citar algunas de sus ventajas e inconvenientes a la hora de elegir un arma de defensa, porque eso es lo que es un arma de estas características. El revólver fue y sigue siendo un arma segura. No hay que realizar operaciones extras para cargarlo, el disparo se producirá cuando el usuario tenga la firme convicción de hacerlo, no hay casi posibilidades de un disparo accidental. El problema con todos los revólveres de cañón corto es el radio de mira. Cuanto menor sea la distancia entre el guión delantero y el alza trasera mayor será el margen de error para centrar el disparo en el blanco elegido. Es por esto que el tirador debe conocer a fondo el arma y tener suficiente práctica como para conocerla. No todas las armas pegan en el mismo lugar. Es cierto que este tipo de revólver no es el arma que uno elegiría si tuviera la certeza de que va a participar en un enfrentamiento armado. La recarga es complicada y lenta a diferencia de la misma operación en las semiautomáticas.

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