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ACERCA DEL TÉRMINO “CALIBRE”

En el léxico del mundo de las armas (y en la vida cotidiana también) utilizamos una serie de términos o palabras que, muchas veces, desconocemos su real significado y hasta su origen. En este caso “calibre”. Posiblemente sea una de las palabras más antiguas del mundo armero. Su origen hay que buscarlo en el término griego “kalapous”, que se refiere a los objetos de madera dura que utilizaban los zapateros para moldear el cuero de los zapatos. En algún momento se comenzó a utilizar, por analogía, a los moldes de bala que en un principio se usaban para los proyectiles de plomo en las antiguas hondas. A medida que fueron evolucionando las armas de fuego, este término comenzó a circular a través de los moros en España, también en Francia y en Inglaterra para desembocar en el vocablo moderno que conocemos hoy, que se aplica tanto como para denominar una cosa de calidad, un instrumento para medir. Como dato anecdótico digamos que la palabra “pinza” se usaba para identificar a una herramienta de medición y que según algunos autores deriva de la primitivo vocablo calibre. En relación más específica de su utilización en el campo de las armas de fuego, “calibre” lleva consigo un par de significados que son diferentes y que pueden causar cierta confusión y que tiene su origen en los cambios que se han producido en poco tiempo (comparable con la evolución) en la tecnología de las armas de fuego. Antes de de la década de 1850, casi todas las armas eran de avancarga, y también casi todas disparaban balas de plomo redondas. Estas balas salían de un molde previamente determinado y se hacían con una cierta aleación de plomo. Esto quería decir que por ejemplo dado una medida (digamos calibre) por ejemplo de .50 (12,7 mm de diámetro) siempre tenían el mismo peso independientemente de la marca de arma que la disparara y de la carga de propelente que se utilizara, obviamente del mismo diámetro interior de cañón. Lo que significa lo señalado líneas arriba, es que durante cientos de años, desde el siglo XII hasta mediados del XIX, la palabra “calibre” resumía la intercambiabilidad de las municiones que un arma de fuego podía disparar. Un arma calibre .65 fue, al mismo tiempo, la identificación de un arma mucho más potente que uno en calibre .50 y éste mas que uno .45 y así sucesivamente. Además cada arma de un mismo calibre podía utilizar bas (municiones) de diferente tipo y formato. Pero las cosas comenzaron a cambiar a partir de mediados del siglo XIX cuando se modificó la forma de la bala, siendo más larga que ancha, siendo el ejemplo más clásico la bala Miniè. Esto produjo que balas del mismo calibre podían tener diferentes pesos, en función de su forma. Luego entró en escena el cartucho metálico, dando paso a una mayor variación de la potencia (del mismo calibre) en función de la cantidad de carga propulsora, y la posibilidad de un mayor intercambio de diferentes armas y municiones para un mismo “calibre” de diámetro nominal. Otras innovaciones como la pólvora sin humo, las balas tipo Spitzer y otras variantes ampliaron el campo de posibilidades en el terreno de las municiones, que siguen en evolución hasta nuestros días. En consecuencia, en la actualidad la palabra “calibre” se aplica a un conjunto de variables que las podríamos definir en los siguientes puntos. • El diámetro de una munición o cuerpo cilíndrico. • El diámetro de un orificio de un arma. • El diámetro de una bala u otro proyectil. • El tipo de munición compatible con una cierta arma de fuego.

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