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¿QUIÉNES FINANCIARON AL NAZISMO?

Cuando realizamos notas sobre las armas de la Segunda Guerra Mundial y especialmente de las alemanas, nos preguntamos cómo hizo Hitler para desarrollar una industria armamentista tan poderosa, sobre todo si consideramos que Alemania había sido derrotada en la Primera Guerra y después del Tratado de Versalles, reducida casi a la nada en materia de armas. Y no solo eso. Apoyaron con acciones o silencio las atrocidades que cometió. Obviamente la explicación no es una sola, una serie de factores e intereses, principalmente económicos y políticos, lo hicieron posible. En esta nota abordaremos y analizaremos el contexto socio político económico, a través de diversas opiniones de historiadores, que nos permitirá comprender cómo un soldado de la Primera Guerra Mundial se convirtió en el “monstruo” del siglo XX. ¿QUIEN FINANCIO A HITLER? Dice el escritor Germán Diograzia: ¿Quién financió al líder alemán? ¿Quién maneja el mundo hoy? La primer pregunta pareciera no tener ya importancia, dado el tiempo que ha pasado, pero la segunda puede llevarnos a conclusiones realmente espantosas y ambas están estrechamente relacionadas. Sin embargo la búsqueda del conocimiento y el aporte de otros, siempre será un camino que nos iluminará, o al menos nos haga sentir el piso bajo nuestros pies. Como dijo el gran Orwells “En un mundo donde reina la mentira, decir la verdad se convierte en un hecho revolucionario”. Siempre ha sido igual, puro dinero, pero hoy a la sombra o mejor dicho a la luz de lo que ocurrió y ocurre en Grecia, vemos como el Poder Mundial (manejado por la Reserva Federal de los Estados Unidos), El Banco Mundial, El FMI y la Unión Europea, someten a un pueblo al hambre. Saben que si uno solo dice basta, los demás deudores podrían hacer lo mismo. Poco les importa las gentes, los ciudadanos de a pie. No es su problema. Ellos prestaron el dinero y quieren cobrarlo, más mucho más. Ese es su negocio. (N del A: cualquier semejanza con lo que pasa en nuestro país no es pura coincidencia). LA PRIMER GRAN GUERRA En la Guerra de Crimea murieron 450.000 rusos. Franceses y turcos perdieron cerca de 95.000 hombres cada uno, y otros 20.000 los ingleses. El 80% de las muertes fue por las pestes y la ineficiencia para atender a los heridos en combate. Por todo eso se puede considerar como la primer guerra total. Mientras tanto Alemania, compuesta por muchos reinos, se unificó. Se sacudió de la era agraria con un rápido desarrollo industrial, y empezó a competir en los mercados mundiales. Además llevaba el progreso a sus colonias, y eso fue intolerable para las potencias occidentales. Porque ellas trataban de sacar el máximo provecho de sus 25 dominios y vivir en la opulencia, como seres superiores. Al parecer, consideraban a sus dominados como gente de segunda clase. Por el contrario, los alemanes repiten un dicho que no escuché en ninguna otra parte del mundo: “leben und leben lasen”, (“vivir y dejar vivir”). Era evidente que los anglo franceses no lo compartían. Primero ellos, y siempre ellos. Por otro lado, las coronas occidentales miraban con envidia el prestigio del soberbio káiser alemán y el esplendor y bienestar del Imperio Austro -Húngaro. Por si todo eso fuera poco, Francia pretendía los territorios alemanes de Alsacia y Lorena, que históricamente pasaban de un lado a otro. La atmósfera era demasiado densa. Además, los eternos fabricantes y traficantes de armamento y los grandes financistas esperaban ansiosos ese espléndido hipernegocio de un conflicto armado de gran escala. Ya lo conocían muy bien y muchas veces lo habían orquestado y aprovechado al máximo. Los EE.UU. adquirirían una gran importancia en la economía mundial gracias a las inversiones de grandes capitalistas conocidos de origen hebreo. Así como también la evolución de Rusia hacia una potencia industrial no representó ningún alivio para la política exterior alemana. Al contrario, Gran Bretaña contemplaba a Alemania como la potencia que ascendía en el comercio y, con eso, en la política mundial. A consecuencia de su formidable capacidad de trabajo e industrialización, se convertiría en una gravísima competencia. O sea, la conquista de los mercados del mundo, merced a la “penetración pacífica” del ingenioso y laborioso pueblo alemán. Por lo tanto, para neutralizar a Alemania parecía ser que una gran guerra era inevitable. Faltaba sólo la chispa que buscaban los aliados, y la encontraron. El asesinato por encargo del príncipe heredero del trono del Imperio Austro Húngaro, Franz Ferdinand y su esposa, en Sarajevo, el 15 de junio de 1914, perpetrado por la organización militar secreta serbia llamada “Mano Negra”. Austria Hungría quiso vengarse atacando Serbia, pero Inglaterra y Francia fueron a defenderla. Entonces Alemania quiso ayudar a sus connacionales. Atacó Francia y llegó cerca de París. La guerra fue larga y sangrienta. Después de la guerra, los aliados reconocieron que en estos casos la propaganda era válida. Que los alemanes usaban gas venenoso, por ejemplo, cuando eran ellos quienes arrojaban gas mostaza que afectaba la vista. Esto ha sido comprobado, después de la guerra, por las consecuencias en los veteranos alemanes, algunos de los cuales perdieron la visión. Socavaron su estabilidad, se desabastecieron las tropas de alimentos, ropa y municiones, y bajaron su moral. En los panfletos, siempre renovados, los aliados sostenían que la guerra duraría mucho y, poco a poco, sería perdida. Que los únicos culpables, que debían desaparecer, eran el káiser y el “militarismo prusiano”. Que las democracias acogerían luego a Alemania en la Liga de Paz perpetua. En la gran batalla final de Verdún, con la aparición de los tanques americanos, cayeron seiscientos mil soldados alemanes. Además, los aliados consiguieron sus propósitos. El 3 de noviembre de 1918, en la ciudad nórdica de Kiel, sobre el Báltico, se desencadenó la revolución. Con eso el káiser alemán, al ver el desastre que se avecinaba, a la semana tuvo que abdicar y se proclamó la República. Dos días después capituló Alemania, por lo que cesaron las hostilidades en el frente occidental. Seguidamente capituló el Imperio Austro Húngaro. Aunque los pueblos de los vencedores pensaban que con esa gran guerra acababa la posibilidad de otras en el futuro, se equivocaron. Porque los magnates financistas y armamentistas no pensaban lo mismo. Con toda habilidad influyeron para que se crearan las condiciones para una nueva, más devastadora y lucrativa guerra. Total sus capitales, sus industrias y sus fastuosas y palaciegas residencias, estaban lejos, en el inalcanzable continente americano. Por su parte Darío Brenman señala: Muchas empresas que comercializan actualmente marcas líderes reconocidas internacionalmente, fueron entre 1933 y 1945 cercanas y beneficiadas por el régimen nacionalsocialista. Estas corporaciones fueron las que sostuvieron gran parte del esfuerzo alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Kodak, Bayer, Coca Cola, Nestlé, IBM, BMW, entre otras. Como era de esperarse, ninguna recordó durante la posguerra sus vínculos con el nazismo. Sucede que estas mismas firmas tuvieron un rol fundamental en la recuperación alemana, por eso los aliados durante muchos años omitieron el rol de estas empresas durante el nazismo. Cuando finalizó la Primera Guerra Mundial, los países vencedores impusieron a Alemania, en el Tratado de Versalles, condiciones económicas humillantes para que aceptase toda la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra y, bajo los términos de los artículos 231-248, Alemania debió desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales (que incluía la entrega de la zona del Ruhr -región carbonífera muy importante para el desarrollo industrial- a Francia y pagar exorbitantes indemnizaciones económicas a los vencedores. Lograron hacer esto luego de que la caída del Káiser alemán y la derrota de la revolución obrera de 1918 gracias a la socialdemocracia alemana. A todo esto hay que sumarle la crisis hiperinflacionaria de 1922, las crisis políticas, la caída de un 40% de los ingresos de divisas luego del crack financiero de 1930; la bajada del nivel de precios de bienes y servicios que deterioraron la industria, y los importantes paros obreros durante 1932.

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