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Cartuchos metálicos. Arma corta y larga. Nueva edición (2016).

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EL SISTEMA CAFFARO

En los últimos dos siglos cada vez que hizo su aparición un nuevo sistema de ignición o un avance destinado a acelerar la recarga de un arma de fuego, surgieron decenas de inventores, que también deseaban contribuir a mejorar lo existente. Otro tanto ocurrió en épocas de conflictos regionales o en las dos grandes guerras mundiales, por aquello de que la necesidad agudiza el ingenio. Es así como luego de utilizarse por más de 200 años la llave de chispa o de pedernal, hicieron su aparición las armas con sistema de percusión o de fulminante. Rápidamente, en la primera mitad del siglo XIX, se presentaron una infinidad de patentes con variantes de este sistema de encendido. Pocos años más tarde se abandonó la avancarga y retrocarga y posibilitó otra vez un sin número de diseños. Cuando surgió el cartucho metálico de fuego central (1866/67) la retrocarga amplió enormemente el panorama a los inventores. Es así como a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX las principales naciones adoptaron, primero, adaptaciones para modificar la gran cantidad de fusiles de avancarga en existencia para que aceptaran los nuevos cartuchos que permitían la retrocarga. Famosos sistemas como el inglés Snider M 1865 y su variante francesa “a tabatière” M 1867, el Roberts M 1867 norteamericano, el Werndl austríaco M 1873, etc., fueron armas de transición que en poco tiempo posibilitaron el advenimiento de los fusiles de retrocarga diseñados especialmente para ese fin. Entre ellos podemos citar armas como el fusil inglés Martini-Henry M 1871, el norteamericano Remington M 1866, el alemán Mauser M 1871, el francés Gras M 1874, éste reformado del fusil de aguja Chassepot M 1866, así como los belgas Comblain M 1871. Los fusiles y carabinas monotiro de retrocarga tuvieron poca vida y pronto surgieron los de repetición, ya sea a palanca, a cerrojo, así como un gran número de variantes de éstos. Los había con cargadores tubulares debajo del cañón, en la culata o con almacenes alimentados por láminas cargadoras (peines), etc. Entre ellos podemos nombrar a los Spencer M 1860, Mauser M 1871/84, Mauser M 1889, Lebel M 1886, Winchester M 1866 y sus versiones mejoradas 1873/76/86/92/94 y 95, etc. Al hacer su aparición la pólvora sin humo (1886) y comenzar a adoptarse los proyectiles de pequeño diámetro posibilitó que la mayoría de las naciones adoptaran los nuevos fusiles de repetición, que en la última década del siglo XIX alcanzaron su máxima perfección con armas como el Mauser M 1898, utilizado por Alemania en las dos Guerras Mundiales. En nuestro país las fuerzas armadas adoptaron en 1891 un fusil de repetición de pequeño calibre, que estaba en ese momento entre los más avanzados del mundo. Poco había durado como reglamentario el primer fusil adoptado oficialmente por la Argentina, el Remington Modelo Argentino 1879, solo doce años. Para 1891 ya era obsoleto y a partir de 1893 grandes cantidades de ellos fueron replegados de todas las guarniciones del país al Arsenal Principal de Guerra de Buenos Aires. Es entonces cuando los inventores argentinos agudizaron el ingenio y en un año se aceptan en la Oficina de Patentes de Invención dos patentes argentinas basadas en reformas al sistema Remington, el sistema Costa de Arguibel (nº 1647) y la que veremos en esta nota, el Sistema Caffaro (nº 1755). Costa de Arguibel ideó su sistema con el objeto de que los viejos Remington fueran transformados para disparar el nuevo cartucho reglamentario 7,65x53 mm Mauser, en cambio Caffaro ideó un nuevo sistema de cierre accionado por medio de una palanca que incluía el arco de guardamonte, mecanismo que, con distintas variantes, era muy utilizado en todo el mundo desde hacía más de ciencuenta años. Este sistema de accionamiento ideado por Caffaro estaba destinado a disparar cartuchos de menor poder, como ser los usados por los rifles y carabinas Winchester de los Modelos 1873 y 1892, así como por algunos revólveres. Cuando Caffaro presentó la solicitud de acreditación de su invención el 21 de noviembre de 1895, hacía tres años que la casa Remington había puesto en venta su tercerola militar liviana conocida como Baby Remington en calibre .44-40 W.C.F. que tenía un cañón de 20 pulgadas (50,80 cm) y era media pulgada más corta que la tercerola estándar calibre 11 mm Remington español, así como el peso de una y otra 5,3/4 libras para la primera y 7,5 para la segunda. Estas armas son tercerolas porque poseen la clásica anilla o argolla sobre el lateral izquierdo que caracteriza a este tipo de armas. Estas tercerolas fabricadas por Remington se vendieron en los comercios de Buenos Aires. Su fabricación se prolongó desde su aparición en 1892 hasta el año 1902. Por esa época Brasil, Chile y, en menor medida Perú, tenían como arma reglamentaria los fusiles y carabinas del sistema Comblain, armas que también fueron utilizadas por los ejércitos de Bélgica y Persia. Sin lugar a dudas que estas armas también le sirvieron de inspiración a Caffaro, ya que por la cercanía de esas naciones vecinas muchas llegaron a nuestro país. El diseño de esas armas se debió al armero belga Hubert-Joseph Comblain (1832-1877) que fue Arcabucero de la Corte de Bruselas y entre los años 1866 y 1876 obtuvo tres patentes para sus fusiles de bloque descendente calibre 11x53 R con y sin martillo. Bélgica adoptó el Comblain Modelo 1871, Brasil el Modelo 1874 y Chile el Modelo 1884, todos en calibre 11 mm, difiriendo entre ellos la longitud y el hombro de las vainas. Pero además de tener a la vista los Comblain, Caffaro debe haber podido observar las tercerolas Sharps M 1859 y Spencer M 1860/65 que poseen palanca de accionamiento en el guardamonte y que estuvieron en uso en nuestro ejército desde la Guerra de la triple Alianza, así como carabinas Maynard que se fabricaron en los EE.UU. desde 1856 a 1865 de las cuales 1.000 ejemplares fueron utilizados durante la Guerra de Secesión. Posiblemente de estas armas derivan los rifles y carabinas Stevens accionadas como aquellas con una palanca que incluye el arco de guardamonte. Las armas Stevens fueron muy comunes en nuestro país, son de un solo tiro y venían en los calibres .22, .25 Stevens ó .32 largo de fuego anular o .25-20 Stevens ó .32-20 de fuego central. Estas armas comenzaron a fabricarse hacia el año en que patentó su invención Caffaro, estaban construídas por J. Stevens Arms & Tool Company cuya fábrica se encontraba en Chioopee Falls, Mass., EE.UU. Para tener una idea de como son de funcionales estas armas monotiro accionadas por medio de una palanca, tenemos como ejemplo los actuales rifles de caza Ruger de bloque descendente, cuyo mecanismo está inspirado en el inglés Farquharson. A continuación entramos de lleno a explicar de qué se trata el Sistema Caffaro. La patente nº 1755 concedida al señor José María Caffaro el 22 de enero de 1896, es decir cuatro meses después de la patente asignada a Costa de Arguibel, también se relaciona con “Mejoras en fusiles aplicables especialmente a los del tipo Remington”. Fue presentada el 21 de noviembre de 1895. Por ser de interés seguidamente se transcribe la presentación manuscrita del inventor.

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